sábado, 1 de enero de 2011

Capítulo 4


Pasaron unos días, y recibí un mensaje: “Tenemos que hablar, luego te veo.” Era él. No le contesté y decidí ignorarle por todo el daño que me había hecho pero unas horas después recibí otro mensaje que decía que estaba debajo de mi casa esperándome y bajé.
                Allí estaba aguardando con una sonrisa, la cual no parecía del todo sincera. Me monté en el coche y le dije que no iría muy lejos ya que en breves volvería  casa. Él me dijo que no me preocupara, que solo quería contarme la verdad.
Paramos en un camino al lado de un riachuelo, ya habíamos estado ahí mas veces juntos hablando. Se hizo un silencio incomodo que ninguno de los dos sabía como romper. Le mire y estaba nervioso tocando el volante constantemente y con la mirada perdida en algún punto del frondoso bosque que teníamos delante. Me empecé a impacientar y fui a abrir la boca para hablar pero me corto antes de que dijera nada con un triste “Lo siento”.
Me eché a llorar y me abrazó, le dije que no me tocara que estaba así por él que me había partido en dos. Me cogió la mano y me la besó, levante la cabeza y vi una lagrima cruzando su preciosa cara, le dije que me explicara lo que había pasado y me dijo que me iba ha hacer daño pero que no quería volver a mentirme nunca más.
Su amigo le había llamado para contarle como estaba yo y también que me había dicho quien era ella. Él me explico que si me quería y que había pasado algunos de los momentos mas felices de su vida conmigo pero que aún se querían y que no podía engañarme. También me dijo que no había dado señales de vida ni me había contestado por miedo a lo que yo le pudiese decir y que necesitaba ver las cosas por si mismo y aclararse de lo que quería.
Me quedé sorprendida con la franqueza que me lo había explicado, no obstante le expliqué mi situación. Que no daba crédito a que desapareciera de esa manera sin siquiera explicármelo ni dar la cara, y me dijo que no había sido capaz, que lo que mas daño le podía hacer en el mundo era verme llorar y se había acobardado.
Hablamos horas y horas hasta que no supimos que más decir y nos besamos. Nos queríamos como dos amantes de película, no podía dejar de besarle y el a mi tampoco. En unos instantes supimos lo que uno sentía por el otro, sin mentiras, sin engaños, solos, juntos, amándonos de nuevo.
Era totalmente de noche y decidimos pasar la noche juntos hablando y viendo las estrellas una vez más, siempre nos encantaba contarlas porque decíamos que por cada beso que nos diéramos una nueva estrella se encendería en el oscuro cielo y así alumbraría siempre nuestro camino para que nunca nada nos separase.
Me prometió no mentirme nunca más y le robé un beso. Posando mi cara sobre su pecho y con la sonrisa más grande de todas me dormí junto al hombre que más quería.
Amaneció y nos despertamos, me llevó a mi casa y quedamos para comer juntos y pasar el día por ahí. Me duche y me cambié de ropa, la alegría me invadía de nuevo volvía a brillar el sol en mi cara y mi sonrisa a despertar, reflexioné lo poco que se necesitaba para ser feliz en la vida, y que era cierto que cuando estas con la persona que te quiere de verdad todo lo demás no importa, puede pararse el mundo, puede dejar de brillar el sol, pero mientras él esté ahí nada podrá ensombrecer mi alegría.
Llamé a varias amigas para contarles que lo había arreglado con él y todas me felicitaron y se alegraron excepto una. Ella dijo que era extraño que volviese de esa manera, que donde había dejado a la otra y que porque de nuevo tanto interés en mi. Decidí no hacerle caso ya que hay que disfrutar la miel del presente y me despedí de ella.
Me mandó un mensaje diciendo que me estaba esperando debajo de mi casa y sin dudarlo bajé. Allí estaba mi estrella favorita mirándome y como si fuera la ultima mujer del mundo me agarró y me besó.
Arrancó el coche y me dijo que íbamos a comer a un bonito lugar, que era una sorpresa. Yo tan impaciente como siempre le intenté sacar el sitio pero no hubo manera. Iba observando el cálido paisaje veraniego y supuse que íbamos a la costa porque vi dos toallas en la parte trasera.
Llegamos a una especie de acantilado desde donde se veía todo el mar, baje del coche asombrada por la inmensidad del azul eterno y mi amor me dio un beso. Estaba segura de ser la más feliz del mundo en aquel momento nada ni nadie podría arrebatarme semejante paz.
Comimos y nos tumbamos al sol. Yo estaba durmiéndome poco a poco con el sonido del las olas y la ligera brisa acariciándome la piel cuando me dijo algo que me paralizó. Me confesó que había estado con ella de nuevo hablando y arreglando cosas. Le explique que no pasaba nada mientras no se fuese de mi lado, que siempre iba a estar al pie del cañón hasta que el me dijese lo contrario y que esperaba demostrarle que merecía la pena de verdad.
Alzó la cabeza y me miró a los ojos, volvió a tumbarse y paso sus labios por mi oído susurrándome que nunca me dejaría.

Capítulo 3


Fue la época más feliz de toda mi vida pero como suele pasar la nube se condensó. Estábamos en un prado tumbados mirándonos cuando alguien le llamó.  Su cara de felicidad se volvió inexpresiva un escalofrío recorrió mi cuerpo sabia que algo iba mal.
Era la voz de una mujer, hablaba pausada, no llegaba a oír lo que le decía. Poco después colgó y le pregunte quien le había llamado, intentando apaciguar la situación me dijo que era un amigo preguntando por unas llaves. Sabía que no era cierto y esa mentira hizo una brecha en mi ilusión.
Al día siguiente le llame pero me dijo que estaba muy ocupado con el trabajo que no íbamos a poder vernos. Se me hizo raro ya que nunca me había puesto escusas a la hora de vernos y le colgué.
Esa misma noche trate de hablar con él, pero fue inútil, no cogió mis llamadas. No podía soportar no saber nada de él, le mande un mensaje: “Espero que no te pase nada conmigo…te quiero”. No hubo respuesta.
Llegó la siguiente noche y seguía sin saber nada de él, no podía más, mi cama se estaba volviendo un mar de lágrimas, la desesperación me estaba invadiendo y decidí hablar con él fuera como fuera.
A la mañana siguiente fui a su casa y espere a  que llegara de trabajar y cual fue mi sorpresa cuando le vi aparecer con otra chica. Se me calló el alma a los pies jamás había sentido tal tristeza, ya que para el que a pasado por la nada, amar el volver a ser y yo había caído en lo más hondo. Había confiado en él y sin embargo todo había sido mentira.
 Pasó a mi lado y me miro como a una desconocida, y siguió conversando con la otra chica. No daba crédito a lo que estaba pasando. ¿Qué había sido de aquella persona que yo adoraba más que a cualquier otra cosa?
No podía dejar de darle vueltas, ni podía dormir ni comer, no se iba de mi cabeza aquella escena, ¿Quién era aquella extraña o la extraña era yo? No soportaba esa incertidumbre y decidí llamar a un amigo suyo con el que yo tenía mucha confianza.
Me dijo que no me lo quería decir por el daño que podría hacerme la verdad, insistí en que necesitaba saberlo que con la verdad podría olvidarle antes y dejaría de pasarlo mal.
Al final terminó por decirme la verdad. Ella era una antigua novia, me dijo que se habían querido muchísimo y que lo dejaron poco antes de conocerme a mí. Que habían estado mucho tiempo juntos y que aun vivían en la esperanza de rehacer las cosas.
No quería creer lo que estaba oyendo. ¿Qué fue de todo lo que nosotros habíamos tenido juntos? ¿Ya me había olvidado o nunca le había importado?
Es triste que te dejen…pero aún es más triste pensar que fuiste el trago que hace olvidar, para alguien que lo significó todo para ti, eso duele en el alma.
Le había amado demasiado para no odiarle.

Capítulo 2

Pasaron los meses  como si fueran días, decidí que no era justo encerrarme ya que no se acaba el mundo por una ruptura así y salí a conocer más gente.
Esa misma tarde llamé a unas amigas que había tenido abandonadas por culpa de mi ceguera y les explique y pedí perdón por haberme portado así. Ellas me confesaron que se habían enfadado porque no les había dejado ayudarme y por cerrarme en una burbuja con mis problemas.
Poco tardamos en llorar todas de alegría de volver a estar juntas y prometimos que jamás volveríamos a dejar que ninguna pasara por lo mismo.
Decidimos cerrar el trato saliendo a celebrarlo y así fue. Aquella noche salimos a las zonas donde un año atrás habíamos estado juntas de fiesta.
Entramos en un bar varias amigas, yo llevaba tanto tiempo sin salir que ya no me sentía a gusto con tanta gente, me había vuelto una dejada, sin embargo una luz rozo mi mano, algo me hizo sonreír de nuevo.
Ellas me miraron sugerentemente insinuando que le dijera algo a quien me había rozado. Yo tímida como siempre me sonrojé y me negué rotundamente. Ellas entre risas fueron donde uno de los chicos que estaban con el otro y le susurraron algo lo cual yo supe al momento, ¡me querían liar con él! Que vergüenza pasé unos instantes hasta que vi que los chicos salían de bar, después se me paso el apuro y las regañe entre risas.
Me dijeron que iban a ir al bar d al lado y yo aun tenía mi trago por la mitad les dije que salía detrás y me di prisa para terminar cuando entre por la puerta del otro bar ellas no estaban y alguien me agarró por detrás y me susurro guapa al oído.
¡Era él!  ¡El chico del bar! Mis amigas me habían tendido una trampa para que hablara con él y entrecortadamente le dije: “Hola, ¿has visto a mis amigas?”
Se hecho a reír, y me dijo que se habían ido con sus amigos que les habían dejado solos y nos echamos a reír los dos. Me dijo para salir fuera y yo accedí encantada.
Era un chico extraordinariamente guapo y tenía unos ojos que se me cautivaron al momento. Al de un buen rato volvieron nuestros amigos con cara de satisfacción y volvimos a entrar al bar todos juntos, sin embargo él y yo nos apartamos del resto.
Hablamos, bailamos y nos besamos. Le gustaba como era prometió volver a llamarme y así fue, a la mañana siguiente me llamó preguntando por una princesa a lo cual no pude contener la risa y la llama de la ilusión.
Me invitó a salir al cine y a cenar por ahí, al principio me dio vergüenza, pero luego no pude decir que no. Pasamos una tarde fabulosa y después de cenar me dejó en casa y nos besamos de nuevo.
Había olvidado lo que era reír con alguien, la complicidad, las miradas furtivas y la pasión incontenible, los mayores secretos jamás guardados, volví a recordar todo. Volvía a ser feliz de nuevo.
Nos veíamos poco ciertamente él tenía que trabajar lejos y yo no podía ir a verle, siempre me decía que todo saldría bien, que seriamos los mas felices del mundo, que jamás se acabaría y llenaba mi corazón de vapor de esperanza.
Viajamos al fin del mundo juntos y me hacía dormir en una nube, nunca había sido tan feliz, le amaba, solo pensaba en verle, oírle y tocarle, cada suspiro era un latido en mi corazón, no imaginaba la idea de poder perderle algún día.
Vimos las películas de amor más bonitas jamás filmadas.
Éramos como los amantes de los cuentos, con él era otra, solo era capaz de ser feliz, él tampoco borraba de su cara la sonrisa. Me conto  cosas de sus antiguas relaciones, pero que ninguna le había hecho sentir como yo. Y es que cada vez que me veía le brillaban los ojos y me guardaba la mejor sonrisa que tenía. Me confesó también que con cada una de mis llamadas le daba un vuelco el corazón y que se dormía pensando los besos que me iba a dar al día siguiente.
Me hacia sentir como la princesa del cuento con zapatos de cristal y me daba fuerza cada día para poder olvidar todo y ser la más dichosa a su lado.


Capítulo 1


Siempre había sido una chica de lo más normal, con mis amigos, mis locuras, mis disparatadas  ideas y mis errores, al igual que todos.
Desde pequeña fui muy sociable y curiosa, cualquier cosa que no conociera tenía que investigarla, a mi manera claro, pero de una forma u otra tenía que descubrir la naturaleza de cada rareza que me rodeaba. Gracias a mi extroversión, pude conocer a muchas personas, personas de todo tipo, cada una con sus más y sus menos, cada una un mundo.
Mi vida fue genial durante una larga época pero sin yo saber muy bien porque me empezaron a pasar cosas muy raras e incomprensibles, por lo que la gente me decía algo me pasaba.
Tendría unos quince años,  me imagino, estaba en plena flor de la vida, como se suele decir, iba al instituto, tenía muy buenas amigas, sacaba unas notas excelentes y como quien dice todo era perfecto. Aquella para mí fue la época de mis primeras fiestas y también descubrí mil cosas de las que yo solo había oído hablar y eso  me empujó a probar nuevas experiencias, yo quería descubrirlo todo.
Empecé a salir con gente más mayor que yo y estos me hicieron ver cosas de todo tipo. Mil sitios y mil emociones recorrían cada segundo por mi cuerpo, eran experiencias inolvidables cada una de ellas, ninguna mejor o peor que la anterior sino todas muy emocionantes y lentamente iban dejando huella en mí. Mil caras de mil personas e infinitas personalidades de diferente gente.
Tanto conocer empecé a aburrirme y me planteé el empezar algo con alguien, y así fue, poco tardé en encontrar alguien que solicitara lo mismo que yo. Poco después empecé a entablar una gran amistad con otro chico, este tenía mi edad, era guapo moreno…para mi perfecto, me encantaba su forma de ser, lo tenía todo. Pero claro, yo quería ser como mis amigas mayores y tener novios mayores y no niñatos porque si no sería el hazmerreir de todos y no quería que algo así pudiera pasarme a mí. Como consecuencia terminé por negarme la realidad  e intente frustrar lo que de verdad me pedía el corazón.
Oculté lo que sentía durante mucho tiempo, para poder olvidarme de él, pero todos los intentos se reducían a nada. Le ignoré, le vacilé, me reí de él, estuve con otros e intenté apartarle de mí, lo que decía, no conseguí nada.
No mucho tiempo después una inesperada sorpresa sucedió y nos marchamos de viaje. Yo dejé a mi novio en tierra, como era de esperar, y me marché como la más feliz porque iba a poder liberarme unos días, aunque sabía que allí iba a estar el otro y no iba a poder estar tan tranquila como esperaba. La verdad es que nunca nada puede ser perfecto, por lo menos en este mundo de razón.
Nos esquivábamos. Pero las distancias eran demasiado cortas, parecía que ambos sentíamos un fuego en nuestro interior, una pasión que nos forzaba a observar al otro, una especie de hechizo. Lo inevitable pasó era más que obvio los dos pensamos desde un principio que donde todo empezó todo terminaría, pero para mí no fue así desde luego. Me negaba la realidad, pero era evidente, estaba enamorada.
Le quería, cada milésima pensaba en él, cada segundo me acordaba de su cara, cada minuto recordaba su voz. No me dejaba nunca. Soñaba con él, era una situación muy frustrante. Perdí todo el respeto que tenía por mi compañero, le ridiculizaba y le hice sufrir mucho sin razón.
Pasó bastante tiempo, pero siempre algo queda. Probé con otros, a ver si alguno era capaz de hacerme olvidar aquel flechazo pero lo único que conseguí fue hacer daño a muchas personas que me querían.
Me lo habría jugado todo por él, habría abandonado cualquier cosa que me hubiera pedido, lo que fuese. Mi vida tomó  un barco diferente al suyo nos separamos para siempre, mi miedo era inminente, le dije adiós y nos despedimos para siempre con un ingenuo hasta pronto.
Si, esa fue la historia de mi primer amor, jamás volví a saber nada de él, cada uno emprendió su nueva vida sin volver a mirar al pasado.