sábado, 1 de enero de 2011

Capítulo 1


Siempre había sido una chica de lo más normal, con mis amigos, mis locuras, mis disparatadas  ideas y mis errores, al igual que todos.
Desde pequeña fui muy sociable y curiosa, cualquier cosa que no conociera tenía que investigarla, a mi manera claro, pero de una forma u otra tenía que descubrir la naturaleza de cada rareza que me rodeaba. Gracias a mi extroversión, pude conocer a muchas personas, personas de todo tipo, cada una con sus más y sus menos, cada una un mundo.
Mi vida fue genial durante una larga época pero sin yo saber muy bien porque me empezaron a pasar cosas muy raras e incomprensibles, por lo que la gente me decía algo me pasaba.
Tendría unos quince años,  me imagino, estaba en plena flor de la vida, como se suele decir, iba al instituto, tenía muy buenas amigas, sacaba unas notas excelentes y como quien dice todo era perfecto. Aquella para mí fue la época de mis primeras fiestas y también descubrí mil cosas de las que yo solo había oído hablar y eso  me empujó a probar nuevas experiencias, yo quería descubrirlo todo.
Empecé a salir con gente más mayor que yo y estos me hicieron ver cosas de todo tipo. Mil sitios y mil emociones recorrían cada segundo por mi cuerpo, eran experiencias inolvidables cada una de ellas, ninguna mejor o peor que la anterior sino todas muy emocionantes y lentamente iban dejando huella en mí. Mil caras de mil personas e infinitas personalidades de diferente gente.
Tanto conocer empecé a aburrirme y me planteé el empezar algo con alguien, y así fue, poco tardé en encontrar alguien que solicitara lo mismo que yo. Poco después empecé a entablar una gran amistad con otro chico, este tenía mi edad, era guapo moreno…para mi perfecto, me encantaba su forma de ser, lo tenía todo. Pero claro, yo quería ser como mis amigas mayores y tener novios mayores y no niñatos porque si no sería el hazmerreir de todos y no quería que algo así pudiera pasarme a mí. Como consecuencia terminé por negarme la realidad  e intente frustrar lo que de verdad me pedía el corazón.
Oculté lo que sentía durante mucho tiempo, para poder olvidarme de él, pero todos los intentos se reducían a nada. Le ignoré, le vacilé, me reí de él, estuve con otros e intenté apartarle de mí, lo que decía, no conseguí nada.
No mucho tiempo después una inesperada sorpresa sucedió y nos marchamos de viaje. Yo dejé a mi novio en tierra, como era de esperar, y me marché como la más feliz porque iba a poder liberarme unos días, aunque sabía que allí iba a estar el otro y no iba a poder estar tan tranquila como esperaba. La verdad es que nunca nada puede ser perfecto, por lo menos en este mundo de razón.
Nos esquivábamos. Pero las distancias eran demasiado cortas, parecía que ambos sentíamos un fuego en nuestro interior, una pasión que nos forzaba a observar al otro, una especie de hechizo. Lo inevitable pasó era más que obvio los dos pensamos desde un principio que donde todo empezó todo terminaría, pero para mí no fue así desde luego. Me negaba la realidad, pero era evidente, estaba enamorada.
Le quería, cada milésima pensaba en él, cada segundo me acordaba de su cara, cada minuto recordaba su voz. No me dejaba nunca. Soñaba con él, era una situación muy frustrante. Perdí todo el respeto que tenía por mi compañero, le ridiculizaba y le hice sufrir mucho sin razón.
Pasó bastante tiempo, pero siempre algo queda. Probé con otros, a ver si alguno era capaz de hacerme olvidar aquel flechazo pero lo único que conseguí fue hacer daño a muchas personas que me querían.
Me lo habría jugado todo por él, habría abandonado cualquier cosa que me hubiera pedido, lo que fuese. Mi vida tomó  un barco diferente al suyo nos separamos para siempre, mi miedo era inminente, le dije adiós y nos despedimos para siempre con un ingenuo hasta pronto.
Si, esa fue la historia de mi primer amor, jamás volví a saber nada de él, cada uno emprendió su nueva vida sin volver a mirar al pasado.



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