sábado, 1 de enero de 2011

Capítulo 2

Pasaron los meses  como si fueran días, decidí que no era justo encerrarme ya que no se acaba el mundo por una ruptura así y salí a conocer más gente.
Esa misma tarde llamé a unas amigas que había tenido abandonadas por culpa de mi ceguera y les explique y pedí perdón por haberme portado así. Ellas me confesaron que se habían enfadado porque no les había dejado ayudarme y por cerrarme en una burbuja con mis problemas.
Poco tardamos en llorar todas de alegría de volver a estar juntas y prometimos que jamás volveríamos a dejar que ninguna pasara por lo mismo.
Decidimos cerrar el trato saliendo a celebrarlo y así fue. Aquella noche salimos a las zonas donde un año atrás habíamos estado juntas de fiesta.
Entramos en un bar varias amigas, yo llevaba tanto tiempo sin salir que ya no me sentía a gusto con tanta gente, me había vuelto una dejada, sin embargo una luz rozo mi mano, algo me hizo sonreír de nuevo.
Ellas me miraron sugerentemente insinuando que le dijera algo a quien me había rozado. Yo tímida como siempre me sonrojé y me negué rotundamente. Ellas entre risas fueron donde uno de los chicos que estaban con el otro y le susurraron algo lo cual yo supe al momento, ¡me querían liar con él! Que vergüenza pasé unos instantes hasta que vi que los chicos salían de bar, después se me paso el apuro y las regañe entre risas.
Me dijeron que iban a ir al bar d al lado y yo aun tenía mi trago por la mitad les dije que salía detrás y me di prisa para terminar cuando entre por la puerta del otro bar ellas no estaban y alguien me agarró por detrás y me susurro guapa al oído.
¡Era él!  ¡El chico del bar! Mis amigas me habían tendido una trampa para que hablara con él y entrecortadamente le dije: “Hola, ¿has visto a mis amigas?”
Se hecho a reír, y me dijo que se habían ido con sus amigos que les habían dejado solos y nos echamos a reír los dos. Me dijo para salir fuera y yo accedí encantada.
Era un chico extraordinariamente guapo y tenía unos ojos que se me cautivaron al momento. Al de un buen rato volvieron nuestros amigos con cara de satisfacción y volvimos a entrar al bar todos juntos, sin embargo él y yo nos apartamos del resto.
Hablamos, bailamos y nos besamos. Le gustaba como era prometió volver a llamarme y así fue, a la mañana siguiente me llamó preguntando por una princesa a lo cual no pude contener la risa y la llama de la ilusión.
Me invitó a salir al cine y a cenar por ahí, al principio me dio vergüenza, pero luego no pude decir que no. Pasamos una tarde fabulosa y después de cenar me dejó en casa y nos besamos de nuevo.
Había olvidado lo que era reír con alguien, la complicidad, las miradas furtivas y la pasión incontenible, los mayores secretos jamás guardados, volví a recordar todo. Volvía a ser feliz de nuevo.
Nos veíamos poco ciertamente él tenía que trabajar lejos y yo no podía ir a verle, siempre me decía que todo saldría bien, que seriamos los mas felices del mundo, que jamás se acabaría y llenaba mi corazón de vapor de esperanza.
Viajamos al fin del mundo juntos y me hacía dormir en una nube, nunca había sido tan feliz, le amaba, solo pensaba en verle, oírle y tocarle, cada suspiro era un latido en mi corazón, no imaginaba la idea de poder perderle algún día.
Vimos las películas de amor más bonitas jamás filmadas.
Éramos como los amantes de los cuentos, con él era otra, solo era capaz de ser feliz, él tampoco borraba de su cara la sonrisa. Me conto  cosas de sus antiguas relaciones, pero que ninguna le había hecho sentir como yo. Y es que cada vez que me veía le brillaban los ojos y me guardaba la mejor sonrisa que tenía. Me confesó también que con cada una de mis llamadas le daba un vuelco el corazón y que se dormía pensando los besos que me iba a dar al día siguiente.
Me hacia sentir como la princesa del cuento con zapatos de cristal y me daba fuerza cada día para poder olvidar todo y ser la más dichosa a su lado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario