domingo, 27 de marzo de 2011

Capítulo 5


Abrí los ojos y me desperté junto a él, tenía una cara de plena felicidad, y me levanté despacio para ir al baño y no despertarle. Cuando volví me volví a meter en la cama y se encendió la luz de su móvil.

Fui corriendo a apagarlo para que nadie nos molestara cuando vi que le estaba llamando su ex. Le di a rechazar llamada y dejó de moverse. Al de unos minutos el móvil volvió a vibrar le había llegado un sms.
Aprovechando que seguía dormido cogí el móvil y me puse a leer:

“¡Hola cariño! ¿Que tal has pasado la noche? Yo estoy ya despierta, ¿vas a venir a comer al final? ¡Te quiero guapo!”

Se me hizo un nudo en el estomago, no sabía que decir ni que hacer. Cogí mi ropa rápido y me vestí. Abrí la puerta y una mano me agarro el brazo, se había despertado. Con lagrimas en los ojos y destrozada le dije que estaba harta de que jugara conmigo que no era la muñeca de nadie y que no quería volver a oír ninguna mentira más de su boca ni de la de nadie. Le lancé el móvil a la cara y me marche con un portazo.

Posiblemente había sido lo más duro que había hecho nunca, era la persona que yo mas quería en el mundo, con la que quería compartir todo lo que tenía y haber pasado toda mi vida con él, pero a la vez era la persona que más daño me estaba haciendo y la que me estaba destrozando por dentro.
Mientras bajaba en el ascensor el móvil no paraba de sonar, me estaba llamando una y otra vez sin obtener respuesta. Estaba hundida de nuevo, me había vuelto a creer sus sucias mentiras. 

Se paró el ascensor y salí corriendo pero él me agarró por detrás me pidió un segundo, que me iba a dar una explicación, pero no quería seguir viviendo una farsa y le empujé y salí corriendo de nuevo hacia la parada del autobús rezando para que no tardase mucho.

Por fin estaba en mi casa, entré con la peor cara que se puede tener y mi madre me pregunto que me había sucedido, le dije que nada que no se preocupara que era un enfado que se me pasaría pronto.

Me metí en mi cama y apagué el móvil viendo que no dejaría de sonar. Cerré los ojos y los mejores recuerdos se me pasaron por la cabeza… las noches a escondidas cenando y en el cine, las tardes en su casa, los paseos infinitos sin rumbo y sus besos, sus dulces besos, los que yo más ansiaba. No podía dejar de llorar me sentía sucia y utilizada de nuevo y sabía que cualquier escusa sería otra mentira más. Cuando me quede sin lagrimas me dormí y deseé que nada hubiera pasado, incluso deseé no haberle conocido nunca.

Me desperté con un sobresalto, abrí los ojos y se me ocurrió una idea.

Encendí el móvil y vi un montón de llamadas perdidas y mensajes, los ignoré y espere una nueva llamada. Unos minutos después me llamó pidiéndome perdón y le dije que vale que le creía, aunque realmente no era así.

Quedamos para ir a tomar algo a la playa y hablar y yo me hice la tonta siguiéndole la corriente, tenía pensado descubrir lo que tenía con ella y le cogí el móvil cuando se fue al baño y me puse a mirar.

Encontré mensajes de la noche anterior de que habían quedado, estaba en lo cierto, me la estaba pegando con ella de nuevo. Cuando le vi volver abrí un juego para disimular y le dije que me ayudara.
Cuando calló el sol volvimos al coche para marchar a casa, pasamos el camino de vuelta en silencio y cuando llegó a mi portal le dije que se había acabado para siempre, que sabía que estaba con las dos y que no iba a soportarlo. Me bajé del coche y le dije adiós. Quizás ese fue el  adiós más duro de mi vida.


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